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P8: Plaza de J. Vicenç Vives

Octava parada

Plaza de J. Vicenç Vives

Todos los materiales expuestos a la intemperie sufren un desgaste. Hemos visto anteriormente como las rocas calizas son atacadas por ácidos, pero también sabemos que el hierro se oxida. En este lugar se pueden ver algunos ejemplos de esta reacción química. El proceso por el cual las propiedades de un material se deterioran por reacciones químicas con el entorno se denomina corrosión. Normalmente es causada por la humedad del aire, pero se acentúa en presencia de ciertas sustancias, tales como sales o ácidos. Se trata de un proceso de gran importancia que se tiene bien presente en muchas actividades humanas, como la construcción y la metalurgia, ya que afecta, por ejemplo, la resistencia de los materiales.
El ejemplo del hierro oxidado es el más común. Un clavo se oxida porque el hierro, que es un metal, reacciona con oxígeno para formar óxido de hierro. En esta reacción se produce un cambio a nivel atómico. Un cambio que no se ve, ya que los átomos son muy pequeños, como ya sabemos, pero que cuando afecta a muchos átomos entonces se hace visible. El hierro deja de brillar y se vuelve rojizo. Su volumen aumenta y esto provoca que se vaya desgranando, royendo y desapareciendo y por lo tanto, se vuelve más débil. El producto que se ha formado, herrumbre u óxido de hierro, tiene, por tanto, unas propiedades muy diferentes del hierro metálico. Hay que tener mucho cuidado con este hecho y por ello se han aplicado diferentes procesos para evitar o ralentizar la corrosión. En esta plaza hay algunos ejemplos de materiales resistentes a la corrosión.
Si se trata de utilizar hierro, que es un metal relativamente económico y fácil de trabajar, la forma más fácil de protegerlo es aplicándole una capa que lo aísle del exterior. Durante años se ha utilizado una pintura llamada minio, que está compuesta mayoritariamente por óxido de plomo. La toxicidad de este material ha hecho que haya dado paso a otro tipo de recubrimientos, pinturas y barnices, más o menos eficaces. Lo que ha funcionado mejor ha sido modificar el hierro con la adición de otros metales. Por ejemplo, añadiendo cromo y níquel, se obtiene el acero inoxidable. Es un material ampliamente utilizado, y seguro que en las cocinas de muchas casas los utensilios de cocina están hechos de este material. En este ligar encontramos, por ejemplo, la barandilla de la escalera que lleva a la puerta trasera de los juzgados o la semisefera que corona la escultura central de la plaza. Cuando el hierro se combina con estos otros metales permite que en la superficie se forme una fina película de óxido de cromo y de níquel. Dichos óxidos son muy estables y evitan la penetración más profunda del óxido que acabaría afectando toda la pieza. De este fenómeno se le llama pasivación, y la mayoría de los materiales que veremos a continuación están pasivados.

El acero galvanizado de las farolas o las señales, por ejemplo, también tiene una capa a su alrededor que lo protege. En este caso se trata de hierro galvanizado, y es una aleación con zinc. Su aspecto no es tan brillante como el del acero inoxidable.

Hasta ahora hemos visto dos ejemplos de aleaciones que se pasivan. Ahora veremos un metal: el aluminio. Aunque a simple vista no lo parece, también está oxidado. Sin embargo, como no aumenta el volumen como en el caso del hierro, conserva sus principales características: es ligero, dúctil y buen conductor del calor y de la electricidad., Además de tener buenas propiedades mecánicas. Por estas razones, entre otras, es un metal ampliamente utilizado, desde latas de refresco en puertas y ventanas o bicicletas, por citar sólo algunos ejemplos al alcance desde este lugar. Para asegurarse de su pasivación, el aluminio es sometido a un proceso que se llama anodizado y por el que se consigue una gruesa capa impermeable de óxido que además permite que se pueda pintar.
El cromado y el niquelado, por citar dos ejemplos de los que ya hemos hablado anteriormente, son otros métodos que permiten evitar la corrosión de los metales que los soportan.

Ya de camino hacia la próxima parada, atravesaremos el rio Onyar por el puente de Sant Feliu. Aquí veremos un ejemplo de cómo se ha inventado un material que se oxida de forma voluntaria. Se denomina acero de tipo corten, y su aspecto es el del hierro oxidado. Su composición es variable, pero suele contener níquel, cromo y cobre. La presencia de este último le da el color rojo. Como en los casos anteriores, se forma una película de óxido -en este caso muy evidente- que evita el deterioro profundo del material.

¿Lo sabías?

El aluminio es el metal más abundante de la tierra, principalmente en forma de arcillas. Como todavía no hay un sistema económico para extraerlo de las arcillas, se obtiene de un mineral llamado bauxita que es óxido de aluminio. Funde a una temperatura muy elevada, superior a 2.000 grados, aunque si en el proceso de fusión se añade otro material llamado criolita, la temperatura de trabajo puede bajar hasta los 950 grados. Entonces con un proceso electrolítico se separan el oxígeno del aluminio. Hay, por tanto, bastante energía para conseguir aluminio.

A pesar de ello, el emperador Napoleón III tenía una cubertería de aluminio. Sólo la lucía en ocasiones especiales y la destinaba sólo a los invitados más ilustres. El resto tenían que “conformarse” con comida con cubiertos de oro. No es extraño que le tuviera tan aprecio. En la época, el aluminio era un metal raro y difícil de trabajar por la gran cantidad de energía que ahora sabemos que hay para obtenerlo. De hecho, aún no se sabe cómo lo hicieron para poder fabricar una cubertería de aluminio con la tecnología del momento.